Analisia, USA

La heroica República Árabe Siria resiste a la criminal agresión imperialista

Artículo publicado en Boreu

A pesar de los oscuros planes que desde hace más de seis décadas (como denunciara el líder egipcio Gamal Abdel Nasser en 1957) llevan urdiendo el imperio británico y estadounidense en coalición con las fuerzas de la OTAN, el estado artificial de Israel, Turquía, Jordania, la Francia colonialista, Arabia Saudita, Qatar, Bahrein y demás agentes pro-imperialistas contra su soberanía, y de los continuos intentos de liquidar a su legítimo gobierno de tendencia progresista y antiimperialista para sustituirlo por un gobierno marioneta de los intereses foráneos como hicieran en otros países (véase la invasión militar en la capital de Irak, o la barbarie perpetrada en Libia), el noble y milenario pueblo de la República Árabe Siria, cuna de las primeras civilizaciones del planeta, resiste heroicamente a las sistemáticas agresiones de las que es víctima, convirtiéndose en bastión fundamental en la lucha por enfrentar la criminal estrategia geopolítica de la administración norteamericana y el ente sionista para desestabilizar el Medio Oriente, extender su dominio por el mundo y controlar sus recursos.

Si bien es cierto que el derrumbe definitivo de la Unión Soviética en 1991 hizo mella en las relaciones exteriores de la República Árabe Siria, debilitando sobremanera su posición internacional y por ende su economía (sigue contando con el incondicional apoyo de la actual Rusia, que mantiene instalaciones militares y puestos de apoyo logístico enclavados en el puerto de Tartus), el gobierno actual ha manifestado en reiteradas ocasiones y de manera oficial que no abandonará su lenta pero firme labor en la construcción y desarrollo del socialismo, lo que lo mantiene exponencialmente entre la lista de enemigos a batir por las oligarquías financieras a fin de perpetuar el orden establecido.

En el año 2010, aprovechando el contexto de lo que los “mass-media” coincidieron en bautizar como “La Primavera Árabe” y tras la aún reciente invasión de Libia (con derrocamiento a su gobierno y asesinato del líder revolucionario Muammar El Gadafi incluido), comienza de manera poco casual una campaña de propaganda orientada a incrementar los índices de violencia en el territorio sirio, con el objetivo de motivar una intervención militar extranjera que contase con el respaldo de la comunidad internacional, si bien hasta ese momento, las legítimas protestas de la población por algunas reformas políticas liberales en lo económico y social ejecutadas desde las administraciones habían sido muy reducidas y de carácter esporádico (localizadas en zonas rurales y suburbiales sobre las que no se conoce represión alguna), y los propios medios de comunicación proyectaban una imagen idílica de este país solidario donde conviven en paz diversas etnias y corrientes religiosas.

Una horda de fanáticos descerebrados alentados por el margen opositor más reaccionario y ultraconservador, comenzaron entonces a encabezar la erróneamente denominada “revolución moderada”, que en pocos meses ya dio muestras de su moderación secuestrando y ejecutando agentes de las fuerzas de seguridad y civiles públicamente,  y sembrando el terror amparados por el apoyo de lo más granado de la progresía planetaria, que no duda en enarbolar la bandera colonial ensuciando con ella reivindicaciones ajenas a su causa, fieles a las doctrinas de ciertos pseudointelectuales que promueven impunemente tendencias filoterroristas a través de prensa, radio, televisión y redes virtuales, contra una nación que lleva siete años resistiendo sobre el terreno a ataques militares, económicos y mediáticos.

Hace poco nos preguntábamos que dirían los amigos de los “rebeldes moderados” viendo el criminal saqueo que estos estaban haciendo en Afrin en colaboración con el ejército turco, en contraste a cuando las calles de Aleppo se llenaron con la presencia de decenas de miles de personas, que se concentraron victoriosas para celebrar el primer aniversario de la liberación de la ciudad de la influencia de grupos terroristas, gracias a la actuación sobre el terreno del Ejército de la República Árabe Siria y sus fieles escuderos.

Como sentenció Bashar al-Jafaari, el embajador de Siria ante la ONU, “Siria liberará todos los territorios del país, incluidos el Norte de Alepo, Afrin, Idlib y el Golán”.

Para no dejar cabos sueltos, las filas de los “rebeldes” del Ejercito Libre Sirio se engrosaron numéricamente con toda suerte de rebanacuellos seguidores de corrientes extremistas repudiadas por los estudiosos del Islam (entre los que se cuentan mercenarios takfiríes reclutados entre la escoria perteneciente a Al Qaeda, Estado Islamico – Daesh, salafistas del Frente Al Nusra, antiguos miembros de los Hermanos Musulmanes, milicias de Jaish al-Islam, asesinos wahabitas de diversa índole…), a razón de hacer efectivo el inhumano bloqueo de alimentos y medicamentos, y perpetrar una serie de atentados que serían utilizados para culpabilizar al presidente Bashar Al Assad, que no está dispuesto a aceptar que su país se convierta en un “estado cliente” de Occidente.

Sin ir más lejos, hoy todos los medios a las órdenes de Washington se hacían eco de la infame noticia que informaba una vez más desacertadamente, sobre la utilización de armas químicas por parte del gobierno de Damasco en la ciudad de Duma, una operación de “falsa bandera” que no tiene ningún sentido, menos sabiendo que son las fuerzas del propio Al Assad y sus aliados quienes están a un paso de derrotar a los verdaderos terroristas tras sus últimas actuaciones para liberar la región de Ghouta Oriental (donde continúan evacuando a los mercenarios asesinos y las brigadas de zapadores han limpiado de minas y otros artefactos explosivos las casas y lugares públicos para garantizar la seguridad de los más de 40.000 desplazados que han regresado a sus hogares), y que los videos de denuncia de la supuesta agresión han sido difundidos por los “White Helmets”, que casualmente solo actúan en territorios controlados por la oposición armada (creada y entrenada por la CIA) y utilizan a niños que tras ser liberados han reconocido voluntariamente que fueron obligados por los criminales a escenificar su repulsa hacia quienes en realidad apoyan, como matizan y agradecen a quienes los libraron de su calvario personal, al Ejercito Árabe Sirio.

Reclutando terroristas del Ejercito Libre Sirio, los Cascos Blancos (traducción al castellano) fueron fundados en el año 2013 en Turquía por James Le Mesurier, ex oficial de la inteligencia británica. Estos reciben financiación directa de EE.UU y Reino Unido y han sido sorprendidos en numerosas ocasiones produciendo montajes inverosímiles que más tarde serían utilizados a modo de propaganda para socavar la credibilidad del presidente sirio.

Por otro lado, en una actuación sin precedentes, la Organización para la Prohibición de Armas Químicas (OPAQ) verificó junto con Naciones Unidas durante los años 2013 y 2014, la entrega de todo el arsenal armamentístico químico perteneciente al gobierno sirio para su posterior destrucción, lo que contradice radicalmente esta posibilidad, aunque por si quedaba duda desde la capital siria les invitan de nuevo a comprobarlo.

Incluso el Departamento de Defensa de EE.UU (instigador de estas falsas acusaciones) se ha visto obligado a reconocer en comparecencias oficiales que no existe evidencia alguna de estas repetitivas e infundadas afirmaciones,  tal y como admitió el Secretario de Defensa James Mattis en una conferencia de prensa celebrada el pasado 2 de febrero, señalando que no tienen pruebas de que el presidente sirio haya usado el gas sarín ni ninguna otra sustancia química contra la población.

Como decíamos en líneas anteriores, estas y otras falaces declaraciones no hacen sino evidenciar las intenciones de la administración norteamericana de criminalizar a Bashar Al-Assad, que pese a las múltiples agresiones recibidas, ve como la mayoría de sucesos que se le imputaban son esclarecidos a su favor, al tiempo que aumenta el respaldo de su pueblo hacia su gestión, cerrando filas contra los conflictos internos y las injerencias de otras potencias extranjeras.

“La República Árabe Siria reitera que no tiene armas químicas, lo que incluye aquellas basadas en cloro. Una vez más, condenamos el uso de tales armas en cualquier momento, en cualquier lugar y en cualquier circunstancia”, quiso constar el pasado lunes nueve de abril el representante sirio ante las Naciones Unidas, el anteriormente citado Bashar Jaafari.

Desde el Ministerio de Defensa de Rusia confirman que sus especialistas no han encontrado rastro alguno de aplicación de agentes químicos.

Pese a todo, Estados Unidos e Israel ya han aprovechado la coyuntura para bombardear desde el Mediterráneo nuevamente al pueblo sirio y a las posiciones del SAA en Homs, causando al parecer bajas en el mismo (lo que dice mucho de sus “ansias” por conquistar y garantizar la paz),  y de paso perpetuar los enfrentamientos colaterales con otros organismos del eje global de la resistencia como Irán o Rusia.

Aparte de para controlar sus recursos y las diferentes vías de distribución de los mismos como ya hemos apuntado (la República Árabe Siria resiste al expansionismo de la OTAN en el Mediterráneo), y para desquebrajar la unidad de la comunidad árabe en su conjunto a base de aniquilar cualquier conato de emancipación o progreso social entre su clase trabajadora, esta guerra encubierta tiene entre sus oscuros objetivos combatir las alianzas de carácter antiimperialista surgidas como legítima defensa a las acometidas de las principales potencias capitalistas citadas con anterioridad, asegurándose EE.UU así una posición territorial idónea desde donde monitorear y tratar de poner freno al crecimiento financiero de la República Popular China, única que en la actualidad le disputa la hegemonía económica mundial al dólar, transformando a pasos agigantados el devenir de las relaciones comerciales internacionales.

Mención especial merece para ilustrar este aspecto la gran base militar que Estados Unidos está construyendo ilegalmente en la región petrolera de Al Omar, en la provincia de Deir Ezzor, con el objetivo de garantizar recursos suficientes para acometer fructíferamente la ocupación de la zona oriental con el apoyo de los kurdos de las SDF, que no solo han obstaculizado imprudentemente las acciones defensivas pensadas para garantizar la soberanía del país que los protege (al igual que hace con Palestina), además en una amalgama  de posturas confusas han traicionado a su condición “internacionalista”, mostrándose como colaboracionistas del imperio que los engañó para luego dejarlos tirados en plena batalla y contribuyendo a facilitarles su tarea en este complicado proceso de desestabilización, invasión y expolio que viola de manera flagrante la legislación internacional.

El futuro es incierto, pero el sentimiento de unidad nacional que prevalece entre nuestros hermanos árabes deja espacio para la esperanza.

En palabras del Secretario del Partido Comunista Sirio Ammar Bakdash en el año 2013, la vía principal para salir de la masacre siria y reiniciar un proceso democrático de garantías comienza por detener la ayuda y apoyo exterior a la oposición criminal, por parte de los países reaccionarios e imperialistas.

“Una vez que la ayuda exterior se detenga, se puede poner fin a todas las operaciones militares, incluso por la parte del gobierno sirio”.

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